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"... en un futuro próximo,
el sonido será empleado por todos sus potenciales.
Será el medio para estimular una sicología
de la salud, de las emociones y de las funciones mentales;
al igual que otros potenciales y estados del ser; los que
ordinariamente permanecen dormidos. Tendrá que convertirse
en una forma muy alta de arte [Arte Objetivo], primero;
antes de que pueda ser una ciencia." Jean Houston. |
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Marco
teórico de Introducción
Son
más de 40 comunidades internacionales las que obtienen
beneficios actuales de las modernas técnicas terapéuticas
a base de sonido y música, en diversas áreas
de la salud humana. Todos estos métodos han sido
desarrollados con base en un concepto: el de los "potenciales
de estímulo neurofisiológico y de evocación,
propios del sonido y de la música misma ".
Aun cuando todavía no es una información de
interés general suficiente en Latinoamérica
-ni los medios siquiera le prestan atención, a excepción
de como ocurre en Brasil, Chile y Argentina-, en muchos
países del mundo se sabe que el sonido y la música
han sido algo más que una de las artes más
gratificantes para la vida del ser humano. Por milenios
se ha empleado con fines mucho más específicos
de salud.
Los trabajos de investigación del Dr. Alfred Tomatis
en Francia; del Dr. Hans Jenny en Suiza; Dr. Peter Guy Manners
en Inglaterra; del Dr. Robert Monroe de E.U.; al igual que
las investigaciones antropológicas mundiales sobre
tradiciones musicales ancestrales, se han convertido hoy
en modernos redescubrimientos sobre las propiedades bioterapéuticas
del sonido y de ciertas formas de música.
En México, además de otros investigadores,
el propio autor ha estudiado y aplicado tales propiedades;
así como los estudios sobre Sintergia Cerebral del
Dr. Jacobo Grinberg-Zilverbaum. Todo ello para su aplicación
en un sistema de música especializada; con fines
específicos de tratamiento a diversos padecimientos;
de origen psicosomático, en particular. Apuntes históricos
En tiempos modernos, desde fines de la Segunda Guerra Mundial,
la música se empezó a emplear sistemáticamente
en el tratamiento Psicológico de veteranos de combate.
Desde esas épocas, a la fecha, se han realizado diversas
investigaciones internacionales y desarrollado métodos
que van de la llamada Musicoterapia, a los sistemas más
actualizados de Bioacústica, Cimática y Biomúsica.
Todos ellos basados en los fundamentos formales de los efectos
neurofisiológicos de las frecuencias sonoras
¿Por qué en países como México
pareciera un tema tan "novedoso" - casi de nueva
moda -, o llega a concebirse como una terapia "exótica"
de la New Age? Porque las políticas educativas enfocadas
al eufemismo de la llamada productividad, han logrado que
hasta las matemáticas requieran de la tele para dejar
de ser un asunto de "marcianos". Obviamente, sin
estos descompuestos procedimientos, la investigación
oficial y los proyectos interdisciplinarios, serían
considerados como posibilidades de solución para
las urgentes necesidades en las diversas áreas de
salud social; no sólo corporal, sino psíquica.
Técnicas terapéuticas a base de Sonido, Bioacústica
y Biomúsica
En términos generales se basan en el "principio
de resonancia", que se encuentra presente no sólo
en el mundo acústico sino aún en el ámbito
orgánico y neurológico. Literalmente todo,
no solamente "vibra" sino que -por ello mismo-,
"resuena". De este principio surgen las más
modernas aplicaciones científicas como la Cimática
y exámenes como el llamado ultrasonido. Aunque, como
sabemos, este incluye aspectos aún más complejos.
Las técnicas del tema Biomúsica que tratamos
aquí tienen su fundamento en "bases neurofisiológicas".
Estas consisten en que al oír un sonido, o música,
intervienen dos sistemas del oído, llamados el "sistema
vestibular" y el "sistema coclear".
El sistema vestibular controla el equilibrio y los movimientos
corporales así como también permite la integración
de los movimientos que corresponden al ritmo de una música
dada. De hecho es por este sistema que la música
parece tener un impacto sobre el cuerpo; porque no existe
un solo músculo del cuerpo que no esté bajo
control del vestibular.
El sistema coclear, por otro lado, identifica los sonidos
y realiza la transformación de las vibraciones acústicas
en decodificaciones que forman cadenas neuronales, lo que
permite al cerebro desarrollar modificaciones nerviosas.
El efecto de los sonidos, como de otras percepciones, es
posible debido a que al nacer contamos con 100 mil millones
de neuronas. Nuestro cuerpo integra con ellas dos sistemas
nerviosos. El primero, el sistema cerebroespinal, bajo el
dominio de la voluntad (sistema de la musculatura estriada
de relación). El segundo, el sistema neurovegetativo,
dividido a su vez en ortosimpático y parasimpático,
que es automático y autónomo.
Las funciones de ambos sistemas presentan respuestas de
comportamiento ante el estímulo sonoro: en forma
de impulsos musculares que se acoplan a un ritmo dado; con
la frecuencia respiratoria que aumenta o disminuye según
el nivel de frecuencias acústicas; con estados anímicos
y volitivos que expresan distinta reacción a sonidos
de baja o alta frecuencia; etc.
Sin embargo, "una estimulación sensorial hecha
con sonidos altamente organizados como los de cierta música,
contribuye a formar circuitos neuronales especializados,
vinculados a los de la lógica para las matemáticas,
a los del aprendizaje para los idiomas y a los del lenguaje
mismo. Lo cual se logra debido a que la música ES
de por sí un estímulo altamente coherente;
es UN LENGUAJE cuya percepción involucra las más
refinadas funciones del sistema nervioso central.
Los ajustes neurológicos consecuentes se deben a
que el cerebro se adapta, evoluciona, se repara, elimina
lo que no tiene uso y se refuerza. [Estas son sus características
fundamentales de comportamiento]. Construye nuevas redes
o cadenas neuronales en base a experiencias de la vida misma:
patear una pelota, saltar la cuerda, andar a caballo, ejecutar
un instrumento, etc. De todo ello integramos lo que llamamos
experiencia de vida, que no es otra cosa que trayectorias
emocionales convertidas en cadenas neuronales, que a su
vez son el sistema de expresión de nuestro ser interno,
entendido como el factor más abstracto de nosotros
mismos.
Con base en estos fundamentos, es explicable que la aplicación
de frecuencias sonoras, en cualesquiera de sus modalidades,
sea un recurso altamente eficaz en disfunciones de aprendizaje,
en la recuperación de padecimientos emocionales,
en el incremento de la Coordinación Cerebral Interhemisférica,
y en el reequilibrio de funciones neurofisiológicas
en general.
LAS TRECE TÉCNICAS TERAPÉUTICAS A BASE DE
SONIDO Y MÚSICA
1. Music in Imagery. En esta técnica el cliente escucha
música específicamente programada mientras
visualiza imágenes en la pantalla mental de su imaginación.
2. Musicoterapia. En tal sistema el terapeuta emplea música
grabada de diversos autores, para ayudar al cliente a identificar
sus emociones y estados anímicos con el objeto de
lograr modificaciones de conductas disfuncionales.
3. Cymatic Therapy. Ciertas frecuencias específicas
son enviadas al cuerpo del cliente, con la finalidad de
crear un cambio fisiológico de cualquier desajuste
orgánico.
4. Grabaciones con frecuencias diseñadas. Las grabaciones
a base de frecuencias electrónicas, pueden ser genéricamente
creadas; o bien, de modo específico, creadas con
fines curativos particulares.
5. Oído Electrónico. [ Método del Dr.
Alfred Tomatis]. El cliente escucha programas de música
especialmente filtrada (vía audífonos), cuyo
diseño y filtro tienen por objeto abrir el sentido
auditivo a un mayor espectro de frecuencias [básicamente
las que el paciente no escucha con fluidez]. Con esta técnica
se tratan problemas como dislexia, problemas lingüísticos,
etc.
6. Entonación de Armónicos. El cliente escucha
y percibe las vibraciones sonoras creadas por el terapeuta
mediante su voz. Esta técnica está basada
en los métodos tradicionales tibetanos de los llamados
cantos armónicos. Con tales sonidos se pretende dar
equilibrio a los desajustes psicofísicos y emocionales
del paciente.
7. Resonancia Armónica. Mediante pruebas de kinesiología
(medición de respuesta muscular), se detecta a cuáles
sonidos sintetizados reacciona mejor el paciente. El objeto
de esta terapia es regular las funciones corporales en general.
8. BioAcústica. Se miden las frecuencias faltantes
en la voz del cliente y, a partir de los resultados, se
elabora un programa de audición a base de sonidos
sintetizados. Se ha descubierto que el paciente empieza
a lograr reproducir con su voz dichos sonidos y, con ello,
se detectan cambios favorables en el re-equilibrio de su
organismo.
9. Hemy-Sync. En esta terapia el cliente escucha sonidos
sintetizados, especialmente diseñados para dar balance
a la coordinación cerebral Inter-hemisférica.
10. Tuning Forks. El asistente recibe las frecuencias emitidas
por diapasones de afinación, en los meridianos de
su cuerpo; la igual, que vía auditiva, con objeto
de su relajación total
11. Vibro-Acoustic. El asistente a la terapia reposa en
superficies diseñadas para emitir vibración
hacia su cuerpo. Los productos para estos efectos son Somatron,
Betar & Genesis.
12. Mantric Chanting. La persona asistente hace resonar
en su propia voz los mantras específicos -o cantos-,
concebidos para dar equilibrio a su cuerpo y sentido de
sí mismo.
13. BioMúsica. La persona concentra su atención
en imágenes y sonido:
De alta coherencia (según las investigaciones de
J. Grinberg: UNAM).
En el croma (color); y en las secuencias sonoras que corresponden
al estímulo necesario para su condición neurofisiológica.
Escucha sonidos que corresponden a sus necesidades expresadas
como específicas. La Medición de resultados
Existen
trece principales técnicas basadas en el empleo del
sonido y la música -que apuntaremos más adelante-.
De ellas, algunas cuentan con un sistema parcial en la medición
de sus efectos en la salud; pero aún las que disponen
de procedimientos precisos para verificar resultados, se
enfrentan a un problema común a todas estas terapias.
Dicho problema consiste en que para poder medir los resultados
de ajuste después de las terapias, habría
que conocer la medición de los desajustes previos
(disfunción o padecimientos) a las mismas, en términos
de sonido; y para dicha medida habría que conocer
cuáles son las medidas correspondientes a un cabal
estado de salud EN TÉRMINOS DE VIBRACIÓN.
Es decir que habría que conocer cuáles son
las correctas frecuencias de resonancia de un cuerpo humano
sano y de cada uno de sus órganos. De ello derivaría
la medida de las frecuencias de alteración de la
salud, así como de las correspondientes frecuencias
de corrección.
Tales sistemas de cuantificación aún se encuentran
en investigación; de hecho estos aspectos constituyen
el eje de muchas de las discusiones sobre la eficacia de
la aplicación terapéutica del sonido y de
la música.
No obstante, es posible establecer las condiciones generales
de la salud emocional y física del paciente. Un método
muy eficaz y breve es el protocolo del Lüscher Color
Test. Este es aplicado antes de iniciar la sesión
terapéutica, así como al final de la misma.
Tal como lo han comprobado muchos médicos -y aún
empresarios-, que actualmente aplican esta versión
del Test en Europa, de este protocolo se detectan las tensiones
de orden psicológico que derivan en disfunciones,
desórdenes gastrointestinales, neuralgias, insomnio
etc. Y al ser aplicado antes y después de la sesión,
permite no sólo precisar los sonidos de mayor eficacia
sino medir los resultados de tal aplicación. Además,
dicho protocolo puede ser complementado con pruebas de kinesiología
cuyo objeto es verificar las respuestas psicomusculares
a una terapia de sonidos específicos.
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