TZU CHI, UN EJEMPLO DE LA MEDICINA DEL FUTURO
 
Un concepto único en el mundo, auspiciado por el gobierno canadiense y que combina la medicina convencional con las prácticas milenarias del naturismo, podría convertirse en el modelo a seguir en la salud pública del futuro.
Ubicado en el Centro Médico de Vancouver, Canadá, un complejo que abarca varias manzanas de la ciudad, el Instituto Tzu Chi de Medicina Alternativa y Complementaria, es un oasis para pacientes que sufren desde dolor crónico y cáncer hasta problemas cardiovasculares, depresión, diabetes y Sida.
La diferencia entre el Instituto Tzu Chi (que significa "compasión y alivio") y las clínicas convencionales que son parte del sistema canadiense es evidente desde antes de entrar al edificio. El jardín que lleva a los visitantes hacia la entrada de las instalaciones fue diseñado por un herbolario profesional y se asemeja a un pequeño jardín japonés.
Al entrar a la clínica, suave música clásica y decoración moderna pero minimalista relajan al visitante. "Queremos que nuestros pacientes se sientan a gusto y hemos querido dar un ambiente cómodo al lugar", explica Gina Blank, gerente del instituto.
Aquí, más de 800 pacientes reciben tratamientos que integran a la medicina moderna con terapias como acupuntura, quiropráctica, medicina naturista y nutrición, yoga, masaje y relajación mental.
Blank, una joven profesional que irradia entusiasmo, muestra al visitante una serie de videos, panfletos y revistas disponibles en el salón y que todos los pacientes pueden consultar.
"La educación del paciente es uno de los principales aspectos de nuestro programa", afirma. Siguiendo la filosofía del Tzu Chi, que busca cambiar el estilo de vida de los pacientes para prevenir y curar enfermedades, el instituto cuenta con un centro de información, manejado por una bibliotecaria que ofrece acceso a internet, libros de consulta, videos y servicios de voluntarios, además de referir a pacientes a otros centros médicos.
"Cuando un paciente decide tratarse aquí, le hacemos dos entrevistas, primero con un médico convencional y luego con un terapeuta alternativo. Luego, el equipo médico diseña un plan de tratamiento específico", afirma Blank.
Los 12 médicos que forman parte de la clínica se reúnen una vez a la semana para casos particulares, algo que distingue al Tzu Chi de otros centros; pero esa no es la única diferencia.
El instituto canadiense funciona como organización de caridad sin fines de lucro y todos los pacientes integran un ambicioso programa de investigación.
Algunos proyectos de investigación que actualmente elabora la clínica son estudios sobre extractos herbales, el arte de vivir con Sida, el efecto de la acupuntura en pacientes con esclerosos múltiple y curación de heridas por ozono.
"Al integrarse a la clínica, los pacientes acceden a participar tanto en el programa integral de tratamiento como en los estudios de investigación", dice Blank mientras muestra las salas de consulta y tratamiento, decoradas con modernos modelos y diagramas anatómicos educativos.
La sala de consultas de relajación mental y yoga, por ejemplo, es una pequeña habitación con dos sillas cómodas, una mesa, cuadros agradables con temas naturales y acuáticos y un tapete persa.
La mayoría de los pacientes en la clínica, de los cuales el 70 por ciento son mujeres, sufren de dolor crónico, cáncer, males cardiovasculares y de tiroides, así como de depresión y ansiedad, hepatitis y Sida. "Pero un 5 por ciento de nuestros clientes no está enfermo sino que busca mejorar su estilo de vida y prevenir las enfermedades",señala Blank.
El instituto Tzu Chi forma parte integral del sistema de salud de Canadá y funciona también como recurso de consultoría para hospitales del país y como asesor del Ministerio de Salud canadiense.
"Hemos recibido a delegaciones internacionales de Gobiernos que consideran imitar nuestro programa", asegura Blank, quien dice haber recibido a funcionarios de China, Australia y Estados Unidos recientemente.
Agrega que su organización ha recibido centenares de solicitudes de médicos de todo el mundo para practicar en Vancouver. Los pacientes canadienses de 50 años de edad promedio, reciben tratamiento gratuito como parte del sistema de seguridad social, pero la clínica también acepta pacientes internacionales, quienes pagan cuotas que dependen del tratamiento. Blank dijo que el centro cobra entre 30 y 50 dólares estadounidenses por consulta de una hora.
"Nuestra limitación ahora son los fondos con los que contamos, ya que dependemos de donaciones gubernamentales y privadas para funcionar", señaló Blank añadiendo que su organización opera con un presupuesto de menos de 2 millones de dólares anuales y con un equipo de 15 personas en un área de casi 500 metros cuadrados.
Además de aplicar técnicas que datan de unos tres mil años, como la acupuntura, la institución cuenta con el apoyo logístico del adyacente Hospital General de Vancouver, uno de los más modernos del país. Y pese al éxito de que goza, el Gobierno canadiense aún no ha extendido el programa a todo el país.
Una de las metas es lograr que el programa sea costeable, sin sacrificar la calidad, porque actualmente los tratamientos por paciente, comparados con los esquemas convencionales, son muy caros.
Sin embargo, Blank apunta al éxito de su programa y dice tener optimismo en el futuro del concepto.
Abril, 2002
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