Domingo Abril 30, 2017



Singladura

Carta a Mancera

Señor Mancera, le escribo estas líneas como un ciudadano más de los millones que se supone estamos bajo la atención, el cuidado o, mejor dicho, la responsabilidad del gobierno  que usted encabeza en la ciudad de México.

Confío en que se encuentre en óptimas condiciones de salud. Eludo hablar de su bienestar  porque estoy seguro de que su vida personal se inscribe en el ámbito del privilegio. Apenas un puñado de mexicanos pueden –podemos- ostentar una fortuna de más de 40 millones de pesos y si es así en su caso, doy por descontada su situación de bienestar personal y seguramente familiar. Magnífico que resulte así, señor Mancera. Usted y su familia están a años luz de distancia de lo que significa la realidad cotidiana para los millones de personas que  con apuros y  muchos, se han convertido en lo que llamo mercenarios de la quincena cuando bien les va. Porque muchos otros millones viven de quién sabe qué ante el flagelo del desempleo y la informalidad en la ciudad.

Bien por usted señor Mancera. Seguramente es usted una persona sumamente inteligente, bien administrada y tan capaz como para haberse hecho millonario en poco tiempo. Qué bueno. Así es mejor. Usted es un mexicano que pertenece al puñado de connacionales que no sabe de los batallares cotidianos que padecen quienes, a diferencia de usted, no han sido tan inteligentes, bien administrados y sumamente capaces, como para hacerse si no de una fortuna como la suya, si por lo menos de un patrimonio suficiente para la vida cotidiana, semanal y mensual.

Y sin embargo, usted es responsable principalísimo por voluntad e interés propio de las condiciones de vida urbana que imperan para millones de capitalinos.  Trátese del agua, del tránsito, la vivienda, parques y jardines, centros culturales, escuelas, museos, seguridad, prisiones y muchos otros temas –tramitología por ejemplo- que sería prolijo ennumerar.

Prefiero referirme esta vez al transporte, señor Mancera. Se trata –como usted debe saber y seguramente entenderá-  de un tema clave de la ciudad que usted gobierna y de cualquier urbe del mundo.

Aludo a este aspecto urbano crítico para llamar su atención al respecto –insisto, en mi calidad de ciudadano.  Desconozco si está al tanto –aunque esto forma parte de su responsabilidad-, pero le diré lo que cualquier ciudadano normal, los peatones de a pie, pues, sabemos y padecemos con frecuencia abrumadora, el transporte de la ciudad que usted gobierna es tan malo que al menos debería darle pena a usted con sus gobernados.

Menciono un solo ejemplo. El metro de la ciudad, cuya tarifa usted subió en diciembre de 2013 al pasar de tres a cinco pesos pro viaje. Dijeron entonces, tras una fantasmagórica encuesta, que la mayor parte de los usuarios del metro estaba más que de acuerdo en elevar el precio del pasaje de este medio de transporte. Lo subieron y listo.

El entonces director del SCT, Joel Ortega, justificó el aumento del transporte con el argumento de que los ingresos serían usados para varios proyectos, como mejorar el mantenimiento de 45 trenes, adquirir otros 57, rescatar e reincorporar 112 trenes más, incluir más de 1,200 policías para mejorar la seguridad, sustituir 50 escaleras eléctricas, -de esas en las que han ocurrido varios percances recientes-  entre otros.

Pero nada de eso fue verdad. El traslado en metro es cada vez peor. Le cuento. Si antes presumíamos o dábamos por hecho que el tiempo entre estación y estación rondaba en más menos un minuto, hoy resulta que es absolutamente  incierto.  Verifique si es usted un gobernante responsable el tiempo de recorrido del metro entre la estación 18 de marzo e Hidalgo el último domingo hacia las 16:20 de la tarde. Se supone que un recorrido normal de ese trayecto debía llevar no más de 15 minutos. Fue de 45 minutos, señor Mancera.

Es casi seguro, señor Mancera, que esto para usted resulte pecata minuta. No es así y no debería ser así. Un gobernante responsable debería empezar por atender y atender estas cosas que impactan la vida cotidiana de los millones que usted dice gobernar. De otras calamidades del Metro, como el consumo de alcohol, la suciedad, la prostitución, el ambulantaje y la criminalidad,  ya le escribiré otro día.

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