Jueves Septiembre 21, 2017



Singladura

El crimen

 

El asesinato en las últimas horas de dos alcaldes, uno del sur y del centro del país el otro, entre otras personas, que incluyeron un síndico y un regidor, ratifica el auge pleno de la espiral criminal que registra México y el fracaso de las acciones de éste y el gobierno anterior para contener el fenómeno.

Hace prácticamente una década, el malhadado gobierno que encabezó Felipe Calderón y que con un cinismo ofensivo intentará revivir la esposa de éste, inició lo que en el habla cotidiana se denomina la guerra a las bandas criminales.

Pero a la luz de los hechos y dicho en pocas palabras, es palmario el fracaso del estado mexicano para combatir el crimen.

¿Y cuál es la primerísima obligación de cualquier estado?  Resguardar la seguridad física y patrimonial de sus gobernados. Ni más, pero tampoco menos.

En consecuencia, el estado mexicano incumple su primera obligación y con ello viola el principio esencial de su existencia.

Un repaso con base en cifras oficiales al saldo del crimen en el país revela un incremento de poco más del 15 por ciento del número de asesinatos en el país en apenas los primeros seis meses de este año. El dato, grave y preocupante per se, evoca el momento más infausto de la espiral violenta que flagela al país hace prácticamente una década, que podríamos llamar en consecuencia como la década fallida.

En la semana que recién concluyó, el número de homicidios sumó 27, entre ellos los perpetrados contra seis personas cuyos cuerpos fueron abandonados en Veracruz. La cifra se elevó con el asesinato de un periodista y siete presuntos delincuentes en un choque armado en Tamaulipas.

Cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública indican que entre enero y junio de 2015 se registraron 8.156 casos, mientras que en igual periodo de este año suman 9.413.

En junio último, la cifra de homicidios dolosos o intencionales registradas por las fiscalías de los 31 estados del país (1.666) resultó la tercera mensual más alta en la gestión del presidente Enrique Peña.

Estudiosos del fenómeno de la violencia como Alejandro    Hope indican que aunque son imprecisas las razones del crecimiento del crimen, desencadenado cuando en diciembre de 2006 el presidente Calderón le declaró la guerra a las bandas criminales, éstas podrían estar asociadas a "la fragmentación de los grupos criminales”:

Más allá de las razones o explicaciones sobre el auge criminal del país –si bien se hacen necesarias de conocer-  el hecho es que mientras no haya una respuesta institucional cabal al fenómeno, México seguirá viviendo en una institucionalidad frágil, precaria, que se reflejará en su incapacidad de desarrollo, entre otras consecuencias negativas.

Esta perspectiva adversa debiera motivar una acción seria, profunda y amplia del estado mexicano, que debería incluir la acción coordinada de los tres poderes de la unión. El punto es demasiado serio para reducirlo a una lucha entre policías y bandidos.

 

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