Domingo Abril 30, 2017



Singladura

La mamá de Nallely

 

Lo que ve uno en México  no deja de causar asombro  al estilo del célebre y notable periodista polaco Ryszard Kapuscinki.

Aludo al incidente registrado hace unos días en la capital hidalguense, donde una mujer, madre de una maestra de 29 años identificada sólo como Nallely, se arrodilló al paso del titular de Gobernación, Miguel Angel Osorio,  y del gobernador hidalguense, Francisco Olvera, con sus comitivas, para implorar ayuda a fin de ubicar y rescatar a su hija de un grupo de plagiarios.

La escena dejó impactados a muchos. No era para menos. Tuvo el gobernador Olvera el mal tino verbal de tildar a la desesperada mujer de protagónica. Se equivocó el gobernador. Cualquier persona y aún más una madre que sabe que la vida de una hija (o) está en peligro, hace lo que sea para impedir que un episodio semejante escale y lleve a la tragedia.

Fue de hecho lo que hizo la mamá de Nallely. Lanzó un intento desesperado, colmado de angustia y miedo por el destino previsible de su hija. Cualquier padre y/o madre comprende esa desesperación y sabe de la impotencia en esa circunstancia u otra similar. Cuando se enfrenta semejante situación nada es protagónico,  exagerado ni criticable.

Criticable, censurable si, resulta la reacción del gobernador hidalguense. ¿Cómo se puede soltar semejante epíteto contra una madre presa de la angustia y el temor? Faltó prudencia, sensibilidad y comprensión al gobernador Olvera.

Lamentable si, lo que trasunta el arrodillamiento de una ciudadana para exigir un derecho, la seguridad de una hija.  Se ha llegado al extremo de pedir de rodillas a un alto funcionario que haga algo para impedir  lo peor. El episodio fue bochornoso, no para una mujer desesperada y dispuesta a mucho, si para un alto funcionario de gobierno.

El recurso desesperado de la mamá de Nallely revela, indica el punto en donde estamos como gobernados y gobernantes.  Es un reflejo pequeño de que las instituciones del país poco funcionan, de que aún estamos supeditados a la voluntad de los hombres del poder.  Lamentable.

A esto habría que añadir un grado de “sospechosismo”, para evocar el término acuñado por Santiago Creel Miranda, hoy senador del país.

 Las instituciones vulnerables y achicadas a la voluntad del poder de un alto funcionario. Supeditadas a éste.

Qué noticia tan grata que la maestra de 29 años, secuestrada en Hidalgo, haya vuelto a la vida, que sospechoso al menos que “el milagro” haya derivado de la voluntad de un hombre en el poder.

¿Hasta cuándo México tendrá que recurrir, desesperado y aún “protagónico” si se quiere, a la voluntad de un hombre para impedir el desastre? Vale la pena pensar en ello.

 

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