Jueves Marzo 23, 2017

autodefensasRechazo a la absorción social
La persistencia de Diego
Torres y su cine marginal

El súper 8 sobrevive en los hechos, aunque de una manera marginal gracia a artistas como Diego Torres que tiene sus proveedores de películas y laboratorios donde procesa lo que filma....

 

Por Alfonso Gumucio Dagron

 

Diego Torres es un marginal. Yo sé que para él eso no es un insulto, sino un piropo. Se ha mantenido a lo largo de su vida en una posición que le hace el quite al arte comercial para persistir en una vía subterránea y alternativa, que es propia de quienes no quieren ser absorbidos por una sociedad cuyos valores rechazan.

La trayectoria de Diego Torres como cineasta me hace pensar algunas veces en la de Guillermo Lora como trotskista: uno puede estar o no de acuerdo con lo que hacen, pero no queda duda de que son coherentes con su forma de pensar y de vivir. Torres es y ha sido el pionero del cine experimental en Bolivia y sin duda el cineasta más constante en ese género poco desarrollado y poco apreciado en nuestro país. 

Como muchos artistas plásticos y cineastas que se resisten a las tecnologías digitales, Diego ha escogido la vía difícil, la de usar como soporte técnico y material de muchas de sus producciones el formato de cine súper 8, es decir, el más frágil de los soportes en celuloide. Mientras las grandes producciones comerciales en 35mm han desaparecido en años recientes y las producciones en 16mm del cine independiente también han pasado a mejor vida, hay un núcleo de artistas y activistas, comparable a una guerrilla creativa, que mantiene el súper 8 como formato de elección.

Si lo viéramos con la razón y no con la sensibilidad de estos artistas, el súper 8 tendría todas las de perder. Fue una opción importante para nosotros, los jóvenes cineastas de fines de los  70 y principios de los 80, porque el video estaba recién en sus albores, ofrecía una pésima imagen y enormes dificultades de edición.

Por comparación, en aquella época, el súper 8 tenía ventajas. La primera: era cine. Y como alguien dijo (creo que Paolo Agazzi), el video era al cine lo que un kleenex a un pañuelo. Aún en su estrecho formato que incorporaba una fina banda magnética en uno de los bordes, el súper 8 podía proyectarse en una pantalla, tenía colores contrastados y una definición que hacía palidecer de envidia al video portátil de entonces (Betamax y VHS).

Con los años, por supuesto, eso cambió. El video desapareció al llegar la tecnología digital y las ventajas del súper 8 se convirtieron en debilidades: la fragilidad de tener un original que se dañaba al manipularlo, la limitación para revelar los rollos de apenas tres minutos de duración, de hacer copias y de difundir las películas.

Había algo lúdico de "trabajo manual” en la edición, que estimulaba la creatividad para resolver problemas técnicos.

Confieso que fui uno de los testarudos que  invirtió en el súper 8 con pasión y que perdí una caja de vino al apostar que sobreviviría más de diez años, refiere Alfonso Gumucio Dagron, un cineasta y escritor boliviano en Página Siete, un diario nacional independiente de Bolivia.

Añade que mientras duró, la aventura fue hermosa, estuvimos en festivales de cine súper 8 en Canadá, Venezuela, México, Túnez, Bélgica, Francia y otros países que eran parte de una red internacional de superocheros. 

El súper 8 sobrevive en los hechos, aunque de una manera marginal, gracias a artistas como Diego Torres que tiene sus proveedores de película y laboratorios donde procesa lo que filma. La persistencia de Diego Torres en una forma de expresión que es rara en América Latina, y no digamos en Bolivia, lo honra. Ahora bien, lo que representan sus películas es un asunto de gustos y de complicidad.

Su producción más reciente, La saga de los poetas (2015), es una obra nostálgica de la marginalidad idealizada que parece revelarse más en sus formas que en su contenido, aunque el hilo conductor del filme nos hable de la desaparición y de la recuperación de la democracia, representada por una joven punk que lleva ese nombre: Demokrazia.

El filme evoca sin ambages una obra anterior de Diego Torres, La calle de los poetas, e incluye imágenes de esa época que no habían sido incluidas en la edición anterior.  El hilo conductor y el puente entre ambas obras lo establece un poeta que duerme en las calles (Jorge Ortiz), "el hombre que habla solo”, que hace las veces de narrador, prometiendo mostrar los "lugares mágicos” de la ciudad (aunque no los muestra, porque la ciudad está más bien ausente) o simplemente explicando lo que sucede en la trama.

La Parca, personaje central de La calle de los poetas, reaparece en La saga de los poetas reencarnada en Utopía, una joven que llega para cumplir los mismos designios y seguir instrucciones precisas que recibe en una carta, además de una misteriosa maleta con la ropa y los implementos que debe usar.

Los designios de la Parca no son los de la muerte (Átropos), en la acepción de la trilogía mitológica, sino más bien los del devaneo (Láquesis). En realidad, el personaje bastante narcisista se limita a hacer presencia devanando una lana roja, ejecutando pasos de baile y asustando de vez en cuando a alguien que amenace a "la pandilla”, que es el núcleo solidario de amigos. La misión de Utopía es proteger a la democracia, dar vida y no muerte.

Desde el punto de vista argumental, Diego Torres no busca que sus personajes -mientras erran por calles y parques de Sopocachi o los paisajes de Llojeta- tengan el espesor  sicológico de los personajes de un filme de ficción. Aquí funcionan sólo a nivel simbólico como representaciones de jóvenes que se expresan a través de grafiti y acciones callejeras, contra el autoritarismo y la energía nuclear ("Arte sí, nuclear no”).

La saga de los poetas no es solamente un filme nostálgico de esas formas marginales de vida que eran más genuinas antes que ahora, sino también una obra nostálgica del cine. Muchos espectadores no se darán siquiera cuenta de ello, pero no es casual que la primera escena y otras en el filme transcurran en las puertas de lo que fue la Cinemateca Boliviana en sus orígenes, en la estrecha calle Pichincha, en el casco viejo de la ciudad, que en el filme aparece desolada y solitaria, abandonada por el tiempo, retratada con una estética otoñal. 

Esa nostalgia del "cine del ensueño” se refuerza con la aparición del personaje del viejo proyeccionista, Paradiso, y de los equipos de proyección en 35mm que solían utilizarse y que ahora son pieza de museo.

Por varias razones, este filme nostálgico es una manera de cerrar una etapa en la cinematografía de Diego Torres, dejando abierta una ventana para que las nuevas generaciones tomen el relevo. Las notas tristes del saxo subrayan la atmósfera de añoranza en algunas escenas, pero se supone que el resto del filme es el anuncio de un cambio generacional, con música punk metal, actores jóvenes y un hilo rojo de esperanza.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Imprimir       Correo electrónico

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Visión Subterránea

Sexo entre hombres sin ser homosexuales

Fallece el creador del vaso rojo De la fiesta

Alumbre múltiples beneficios, también en rituales

Cometer errores ortográficos es cosa del demonio

El masaje Tailandés

Popó con glamour

Templo Luciferiano Semilla de la Luz

Tecnología remplaza las relaciones humanas

Purificación de Huesos En Pomuch Campeche

Wiccas en México ritual de Samhain

Nudistas en la CDMX

En Japón existen hombres y mujeres virgenes

"Aki el morado", el hombre que ama los músculos masculinos

Periodista rompe el silencio de monjas carmelitas en Argentina

La masturbación, ni inmoral ni perjudicial

Stonehenge esconde un tesoro subterráneo

Anime o manga japoneses recobran fuerza en México

Tierra Adentro aborda narrativa gráfica underground en México

Las llamadas malas palabras ocultan numerosos secretos

Templo Satánico invita a cursos para niños en EU

Pene de atleta japonés arruina sueño de gloria

Nadadora china rompe el tabú de la menstruación

Cráter de Batagaika abre la puerta a mundo subterráneo

"Topolandia", o el mundo laberíntico de Costa Rica

Vida subterránea de los drogadictos en Bucarest

Acecha al mundo la llamada red oscura

Produce Bélgica cerveza de orina

Los llaman "hienas" y reciben dinero por tener sexo con niñas

Absorber chocolate por la nariz, la nueva moda

Cien mujeres y fotógrafo de la desnudez repudian a Trump

Un periplo por los sitios marginales de la música

Auge de primera agencia de modelos transgénero en NY

Biografía subterránea de la gran "Bandida"

Alejandra Guzmán y embajadora de EUA apoyan a comunidad gay

Turismo gay gasta mucho más que el heterosexual

Chinos de urbe de Yulin devoran diez mil perros

Beatriz Zamora y su mundo negro

Estereotipos y tabúes ponen en entredicho el movimiento oscuro

Marcha de la dignidad gay prende focos rojos

Se abre la Caja de Pandora por la matanza en Orlando

Ciclistas pedalean libres de pudor en Guadalajara

Siete mil ciclistas desnudos recorrerán 23 kms el sábado

Se desnudan más de 6 mil colombianos en 5 minutos

Las reservas de la ciudad de México para los "fresas

Confesiones clandestinas de la esposa de un "friki"

Repaso de un vistazo a la literatura subterránea

¿Y si fuera cierto que los reptilanos nos amagan?

Los amantes góticos del negro y la palidez

"Agente provocador" o la Nueva Biblia de lo marginal

Cómo entender a hippies, beatniks, punks y otros

La persistencia de Diego Torres y su cine marginal

Fantasías sexuales para ellas y también para ellos

¿Asexuales, qué es eso?

Yucatán vive ritual de sangre y muerte

El poliamor ¿egoísmo, sexo o pura vanidad?

Sufren marginación laboral las personas con tatuajes

El insondable misterio de los tepuyes venezolanos

Irrumpen nuevas formas de relaciones amorosas

Los indios macuxi del Amazonas, guardias celosos del inframundo

La música subterránea, entre la experimentación y la sicodelia

Daniel Manrique y su amor de niño por los monigotes

La intersexualidad, una anomalía poco conocida,

Hijos de papi

Gana terreno en México Culto a la Santa Muerte

El cine de culto¿excentricidad, rareza o sólo extravagancia?

Ropa escasa, exhibicionismo y diversión en el metro capitalino

El futbol llanero

El cambio climático pantea una gama de serias interrogantes al ser humano

Las mejores parafilias generan placer sin causar daño o muerte

De herederos del movimiento hippie a exitosos exportadores

Encuentro nudista Invadira Zipolite

Los legendarios toquines y otros conciertos

El Rock nos une 2015, evento esperado por los rockeros

Masaes eroticos

El arte callejero, graffiti legal

Películas snuff, entre el asombro y la duda

Narcocorridos evidencian la falta de derecho

El perreo, condenado por muchos, adorado por jóvenes

Las ferias con juegos mecánicos, tradición que genera alegría

Los globos de Cantoya en Mëxico

Las ofrendas del Día de Muertos, acto cultural

Las ferias religiosas en la Ciudad de México

El doggie boom, consuelo para unos, plaga para otros

Los jipitecas, hippies mexicanos

La Ciudad de México y sus sonidos

Legislación sobre drones, tecnología popular en México

Cuando el empeño es la única opción

Las mafias de los reclusorios

Los Pachucos, cultura que no muere

El marroneo, sin inhibición alguna

La música indie en México

Amarres eróticos, liberación de inhibiciones

Otakus, amor al anime y a lo digital

Mafias que transforman autos robados

Cine porno en México; una empresa difícil

Encuentro Latinoamericano de Nudismo 2016

Drag Kings, pasión por masculinizarse

Hipsters, centrados en sí, alejados de lo convencional

Citas a ciegas, emoción por lo desconocido

Motociclismo urbano, herramienta de asaltantes

Músicos callejeros, arte a pesar de la autoridad

Merengueros y volados, dulce tradición

Ligas de futbol llanero, pasión pura

El tianguis dominical de la Lagunilla, una tradición de antigüedad

Recuerdos a flor de piel; los tatuajes

Iniciará en septiembre la Primer Feria Porno Cultural

El Cutting, un grito de ayuda

Talleres mecánicos que obstruyen banquetas

Sugar Babies, jovencitas que buscan a su Sugar Daddy

Las drogas en los 60

Las expos de sexo

Los fresas, despreciados por todos

Drogas actuales, las sintéticas

Chicharrón prensado, papa y frijol; los tacos de canasta

Los frikis, encerrados en su interés

Obra de teatro con público y actores desnudos

Transporte en Edomex; problemática sin fin

Escuelas de striptease, sensualidad y condición

Los grupos satánicos

Las peores prácticas del ciclismo urbano

Los rastafaris

La cultura cumbiera

La prostitución protegida en Sullivan

Gruperos y el narco tráfico, en el mismo territorio

La Plaza Garibaldi, entre drogas y alcohol

Lluvia dorada, una parafilia segura

Vagoneros, una mafia que estorba

Placer adicional; los juguetes sexuales

Amarres eróticos, fantasía de muchos

Matar a la mexicana; asesinos en serie del país

La danza libre, romper esquemas antiguos

Charles Manson, demencia y brutalidad

Esteroides anabólicos y los efectos de su exceso

Las mafias de la Plaza de la Computación

Taxis piratas, problema que demanda regulación

Las luchas callejeras; ilegalidad y riesgo

Los antros swinger, entre el sexo y la ley

Rock en el barrio, identidad forjada con la música

Autopartes de segunda mano, una industria lucrativa

Algunas sectas que adquirieron notoriedad

La zoofilia, riesgosa e inequitativa

Las camgirls, oficio lucrativo y erótico

Modelos alternativos, lo diferente impone

La devoción a San Judas Tadeo, abogado de causas difíciles

Los músicos callejeros, talento desaprovechado

Para mimos, los de Coyoacán

Futbol llanero, pasión, entrega y ganas de jugar

Ciclistas en el DF, transportación y salud

Mochileros, una forma de vida intensa

Obsesión por las mascotas, signo de soledad

Anabolizantes en la alterofilia

La ludopatía en los casinos; asunto de mujeres maduras

La hipoxifilia, placer por asfixia

Punketos: el descontento contra la sociedad

Máscara contra cabellera; la lucha libre en México

Los emos, el drama a todo lo que da

El gran valor de las artesanías mexicanas

La Mecanofilia: Sexo con Máquinas

Comunidades en Facebook, una nueva forma de organizarse

Performance urbano, rechazo a lo establecido

Las parafilias, complementos que satisfacen

Hoteles de paso actuales, rapidines con ambiente

La subcultura de los mirreyes, futuros gobernantes del país

Lo esencial de los eventos masivos

La vida de los limpiaparabrisas en México

La brujería, un práctica histórica

El Santerismo, una práctica religiosa estigmatizada

Los ciclistas de la Ciudad de México disfrutan de facilidades para rodar

La influencia de los comics en México y sus mayores representantes

Los cómics norteamericanos, pioneros en aventuras

Manhwa, el cómic surcoreano

Manga, el cómic japonés

Limpiaparabrisas, el oficio que los conductores repudian

La melancolía de los góticos

El fisicoculturismo, un estilo de vida polémico

Una red de delincuencia urbana, los franeleros

Sexo en el metro, sin riesgo para los sexoservidores

Acoso sexual en el transporte público

Exhibicionismo masculino, placer al mostrar

Exhibicionismo femenino, atraer por sorpresa

Antros para jóvenes en la Ciudad de México

Trajineras-antros en Xochimilco

¿Bailamos? Los sonideros de la Ciudad de México

Diversión sin horario límite, los “after hour”

Las pulquerías, una institución en Mëxico

Necrofilia, amor por los muertos

Las casas de citas actuales en la Ciudad de México

La prostitución masculina en la Ciudad de México

Fichas y cabareteras, tradición que se pierde

El rap mexicano, género en constante desarrollo

Los Neo-Hippies, la plenitud sin pelear contra el sistema

Una gran tradición, los salones de baile en México

Uso de anabolizantes en la alterofilia

K-pop en México

Esteroides, anabólicos y los efectos de su exceso

Historias de las sectas más peligrosas del mundo

Los Mods, la tribu urbana de la década de los 1960

La inmortalidad y la ciencia de acuerdo al Movimiento Raeliano

Hipoxifilia: placer riesgoso

La Santa Muerte: un culto milenario

Punketos: rebeldía contra lo convencional

La Mecanofilia: Sexo con Máquinas

Rap mexicano: en la escena subterránea

El origen de los Mara Salvatrucha

Parafilias: placeres al máximo

Lo agradable de los antros gay

Antros Lésbicos: ¿Aburridos?

La Cultura del Slam

El culto a San Judas Tadeo

Piercings

Tatuajes... ¿Arte Cultural o Moda Pasajera?

Sex Shop

El Fetichismo

Motociclistas deporte o vandalismo

Limpias y desalojos espirituales

¿Los Cholos están aquí?

¿Cómo son los floggers?

Los danzante del Zócalo, tradición y diversión

Las fiestas sonideras ''una tradición mexicana''

Los frikis ¿Moda o estilo de vida?

El sadomasoquismo, dolor en busca de placer

Arrimones Encoxadas y Groping por la ciudad

La leyenda De la cajita feliz

Los ''skatos''

La tribu urbana ''Los Darketos''

Al Natural

Activistas feministas se cagan y menstrúan sobre la bandera del Estado Islámico

Los Bikers la subculura del motociclismo no deportivo

La tribuo Emo y su origen

El Chopo, un espacio ceremonial en resistencia

¿Que son los darketos?

Una práctica sexual poco inusual: el dogging

La nueva subcultura de los Cholombianos

Cholombianos:subcultura de Monterrey

Renace en la zona urbana el Rockabilly

La música balcánica con ritmos gitanos

Recorrido en Cines Porno

Grafiti de acción contestataria a expresión artística

Poliamor, amar libremente

Nudismo por placer

PERREO

Cómics al cine, en radio UNAM

Cacería de jaguares

La experiencia "chida" de la desnudez en el Zócalo

Belleza extrema Cirugía estetica