Viernes Septiembre 22, 2017



Singladura

Mal humor

Hace unos días en Guadalajara, donde el presidente Enrique Peña, puso en marcha el programa “Viajemos todos por México” y participó en el Tianguis Turístico, admitió que hay un “mal humor social” en el país. Cierto e incluso positivo que Peña perciba y acepte esto. Sería mucho peor para él y el país, por supuesto, que se empeñara en negar lo evidente para la mayoría de los mexicanos.

Dijo que con base en comentarios, notas y columnas se entera de “que no hay buen humor, el ánimo está caído, hay un mal ambiente, un mal humor social” en México.

Que bueno que el presidente Peña lea esos comentarios. Es al menos una diferencia con el neopanista Vicente Fox, quien recomendaba a los mexicanos no leer periódicos. Vaya sugerencia del ex presidente con botas. Vergonzoso. En fin.

Peña capta de alguna forma que en México hay un humor social negro, aun cuando de inmediato retome el discurso oficial, el que permea a todos los funcionarios y su gobierno entero.

México avanza en medio de la tempestad, que achacan en particular al escenario internacional. Nunca a los errores, insuficiencias, mediocridad y sobre todo un modelo económico y político que ya probó fracasos suficientes, pero que los gobiernos mexicanos de los últimos casi 40 años insisten en mantener casi seguramente por compromisos con los mandos de las metrópolis y los organismos multilaterales, aun cuando el país hierva, a ratos en grados incandescentes.

No es la primera vez que Peña admite que en el país impera un mal humor social.

Cuando en septiembre de 2015 rindió su tercer informe de gobierno también admitió la existencia de indignación y molestia social. Y cómo no. Coincidió ese informe con el escándalo de la Casa Blanca.

La popularidad de Peña en ese momento alcanzaba 44 por ciento, según encuestas de opinión y el centro Pew. Hoy ronda el 33 por ciento, su peor nivel de aceptación cuando se perfila hacia el cuarto año de gestión y se ratifica la persistente tendencia a la baja que registra su gestión, al menos desde 2014.

Los síntomas del mal humor nacional son evidentes. Una economía de magro crecimiento e insuficiente para detonar el desarrollo nacional, una rampante delincuencia y crimen organizado, alta impunidad, cinismo de funcionarios, corrupción elevada, desmantelamiento de la riqueza nacional y concentración peligrosa de ésta en unos cuantos, precarización laboral, descreimiento político, y proletarización juvenil creciente, entre otros muchos fenómenos. Pero un factor clave del mal humor nacional me parece que se resume en la ausencia de expectativas para segmentos sociales cada vez mayores, un factor de riesgo explosivo para el país.

 

 

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