Jueves Junio 22, 2017



Singladura

Paralelismo

Cada vez suenan más huecos los políticos mexicanos. Acabaron las campañas y ayer se realizaron las elecciones en 14 entidades del país. Y sin embargo, los comicios del país, una práctica política que debiera ser ejemplo de civilidad ciudadana y aún de orgullo democrático, parecen cada vez más alejadas de la vivencia y el aprecio ciudadano. ¿Por qué?

Porque  los políticos de este país viven en forma paralela a los ciudadanos mexicanos. Nada hay más alejado de un ciudadano mexicano que un político del mismo país. Los ciudadanos en  general habitan el México cotidiano, el de veras. El político, desde los cargos más básicos hasta el máximo de la presidencia del país, vive otro mundo mexicano. Seguramente esa fractura, que se ha profundizado en las últimas cuatro décadas, será constatada este lunes cuando tengamos con mayor precisión los números del abstencionismo.

Es cierto que como están las cosas hoy día en México y el mundo, convocar y celebrar elecciones es un privilegio nacional, pero en México los comicios, su preámbulo y el resultado poco entusiasman ya por esa brecha de gobernados y gobernantes, que a éstos últimos parece no importarles demasiado y ni siquiera en el grado en que debiera.

Ya lo vimos en las campañas electorales. Fuera del lodazal que imperó, con acusaciones de todo tipo, que fueron desde los señalamientos personales de homosexualidad y adicciones hasta los consabidos de corruptos e incapaces, las campañas aportaron prácticamente nada al debate de los temas nacionales y las propuestas de soluciones. Tampoco eso importó.

El ciudadano común –insisto- el mismo que batalla cada día de su vida, poco se entusiasma ya por las campañas y tampoco por las urnas. No ve en esta vía el camino hacia un cambio nacional. El mexicano promedio ve con mayor interés, por ejemplo, un partido de futbol y su resultado que la campaña de un político y el saldo electoral.

Los políticos del país siguen más inmersos en la disputa por el poder que en el ejercicio trascendente de éste. Saben que los cargos les abrirán el acceso a recursos pecuniarios importantes, a los famosos botines presupuestales, su verdadero norte. El ciudadano se encoge de hombros y reacciona con escepticismo, resignación y en ocasiones indignación.

Es común escuchar, para quien quiera hacerlo,  la queja ciudadana generalizada: “todos los políticos son lo mismo. Sólo llegan por lo suyo. Todos son corruptos. Ellos viven maravillosamente bien y nosotros seguimos en las mismas, batallando. Ellos tienen buenas camionetas, grandes casas, buena atención médica y escuelas particulares para sus hijos. Nosotros andamos en camiones, vivimos en casas modestas y muchas veces sin servicios, nos atienden en el seguro popular y mandamos a nuestros hijos a las escuelas públicas.

No puede negarse razón a estos argumentos de muchos ciudadanos, que ven el mundo político del país, su país, como un mundo aparte.

A partir de este lunes, seremos casi seguramente testigos de las pugnas postelectorales, de las acusaciones de robo y fraude electoral, que tendrán que ser dirimidas por los tribunales electorales. Seguimos la francachela.

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