Grafiti de acción contestataria a expresión artística 

Muchos son además artistas de gran integridad que no realizan su actividad por dinero, por lo que muchos de ellos se niegan a la explotación comercial de su trabajo, e incluso los más puristas se niegan a pintar en las cada vez más extendidas paredes “legales”.

Por Lluvia López

De origen estadunidense, las manifestaciones del grafiti tan populares en México,  expresan profundo resentimiento social contestatario pero también se han convertido en el medio de expresión e identidad de numerosos jóvenes, principalmente en las zonas urbanas marginales.

Así, los grafiteros o writers mexicanos realizan tags, bombs y stencils en los muros de ciudades como Tijuana, Aguascalientes, Guadalajara y Distrito Federal.

En su  origen la proliferación del grafiti  en Nueva York ocasionó malestar entre las autoridades locales y una mayor represión oficial hacia los writers, quienes se vieron obligados a conformar grupos o crews que les permitían organizar la vigilancia durante el largo tiempo que les llevaba ejecutar una obra.

Paradójicamente, la práctica del graffiti también se convirtió en moda, y la magna exposición de 1975 en el Artist Space Gallery, en el barrio del Soho neoyorkino, contribuyó a la división de los grafiteros. Pero la presencia del grafiti, como experiencia de movimiento subterránea (underground), comenzaba a extenderse hacia las principales urbes de todo el planeta, incluyendo las principales ciudades de Latinoamérica, como la capital de México.

Fue principalmente en la ciudad de Tijuana donde se presentaron las primeras manifestaciones del graffiti en nuestro país, ya que por su condición fronteriza con Estados Unidos existe un constante flujo de personas e información, pero fue en Guadalajara donde más tarde se desarrolló con mayor intensidad, al grado de formar la old school (vieja escuela de grafiteros) y en donde se empezaron a figurar los primeros estilos de firmas o tags, lo mismo que dibujos.

En la ciudad de México el grafiti llegó a insertarse en los barrios marginales y periféricos de la capital, hacia donde el proceso de urbanización y de crisis económica de mediados de los años setenta y principios de los ochenta del siglo XX empujó a una enorme cantidad de población a emigrar, procedente de diversos estados del interior de la República, dando forma a las hoy conocidas como zonas conurbadas.

El cambio cultural por el que pasaron los migrantes, aunado a las condiciones de marginalidad social, fue marcando los tiempos y espacios en donde los “chavos banda” ocuparon un lugar importante en las formas de expresión grafitera.

Nezahualcóyotl o Neza, es la región urbana de mayor presencia y tradición grafitera, sea ésta anónima o pública. Miguel Ángel Rodríguez, mejor conocido como Lupus, encabeza a un importante grupo que allí actúa y que fusiona y ensambla el grafiti con la tradición muralística del barrio.

El grupo tiene por nombre Neza Arte Nel y en él participan jóvenes artistas plásticos y grafiteros de los barrios más pobres de esa amplia zona urbana. Es pionero en la intervención de edificios públicos, que han sido decorados con grafitis en forma de tag y de imágenes, entre los que están el Palacio Municipal de Nezahualcóyotl y la Fábrica de Artes y Oficios (FARO) de Oriente.

El colectivo realizó además una amplia pinta de veinte kilómetros de largo sobre los muros exteriores de las vías que corresponden a línea A del Metro, que va de Pantitlán a los Reyes La Paz. Muchas de estas acciones grafiteras han sido llevadas a cabo con permiso público, en la medida que han sido promovidas o permitidas por las autoridades locales para su realización. Esta forma de trabajo ha sacado del anonimato a muchos grafiteros, que sin embargo han dejado de ser reconocidos por los grupos que aún se mantienen y actúan bajo los principios del anonimato, la ilegalidad y la acción transgresora.

Otra agrupación de jóvenes grafiteros, distinta a la anterior, es la A.P.C., cuyo nombre significa “Ataca, Pinta y Corre”, tiene su campo de acción en la colonia Del Valle en el D.F. y por filosofía los siguientes principios:

– Dale forma a lo que no tiene: si hay una pared en blanco, dale vida.

– Pisa (pon tu tag) sólo encima de alguien que no tenga tu habilidad.

– No se puede rayar ni graffitear en escuelas ni en iglesias.

– Si eres ONE (o sea que no perteneces a un grupo o crew) pinta al principio y al final de tu tag un punto.

– Si perteneces a una crew, pinta tu tag y abajo el nombre de tu grupo.

– No hay reglas ortográficas.

Los grafiteros desarrollan juicios estéticos y estilos de vida que crean una identidad, propia de su generación, y como se puede observar de obvia influencia de otros países en donde se desarrolla esta forma de expresión.

El grafiti podría considerarse un arte multicultural, y no contracultural, las agrupaciones se rigen por un desarrollado sentido de honor y de respeto, donde se establece que una pieza de otro writer no puede ser borrada hasta que la pintura empieza a deteriorarse, y que no se debe utilizar el nombre de otro artista para firmar el propio trabajo. Incurrir en cualquiera de estas dos faltas se considera una imperdonable afrenta hacia el otro, y puede suponer la inmediata expulsión del grupo. La competencia que existe entre los diferentes grupos es enorme, pero siempre entendida desde una perspectiva de honorabilidad y respeto.

Muchos grafiteros son además artistas de gran integridad que no realizan su actividad por dinero, por lo que muchos de ellos se niegan a la explotación comercial de su trabajo, e incluso los más puristas se niegan a pintar en las cada vez más extendidas paredes “legales”.

Aunque las autoridades locales y federales buscan darle espacio a los grafiteros, hay algunos que prefieren crear sus obras en la ilegalidad. Sin embargo, esta “expresión artística” continúa generando polémica. Líneas, letras y formas que por más de una década bañaron bardas, espacios públicos y mobiliario de la Ciudad de México encuentran ahora un espacio.

Aunque, aseguran, “el grafiti ilegal no se va a extinguir por una sencilla razón: es la escuela”, hace tres años, la Secretaría de Seguridad Pública capitalina realizó los primeros concursos, por la misma fecha en que el Instituto Nacional de Bellas Artes trajo al DF la exposición de Jean Michel Basquiat, uno de los grafiteros más reconocidos del mundo e instaló una exposición de grafiti mexicano en la avenida Álvaro Obregón, colonia Roma.

Las 16 delegaciones del DF han hecho su esfuerzo para organizar exposiciones, sin embargo, la ciudad sigue decorada o afectada… y seguirá, aunque los diputados busquen endurecer las sanciones.

En el 2012 los grafiteros por primera vez en la ciudad de México hicieron de esta un museo y varios de los grafitis hechos en esa fecha toda siguen en su lugar marcan que el grafiti no solo es vandalismo sino también arte un forma de expresión que empezó en los barrios marginales y que ahora es método de expresión de un sinfín de jóvenes de los cuales ya no hay un estatus social.

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En los siguientes edificios se han hecho obras de grafiteros.

  • Edificio Chihuahua, Almacenes 74, unidad Tlatelolco     
  • Hotel Plaza Madrid, Madrid 15, colonia Tabacalera
  • Hotel Reforma Avenue, en dos muros: Donato Guerra 24, Colonia Juárez
  • Bucareli 8, colonia Centro, en dos muros.
  • Edificio Dolores, Juárez 26, colonia Centro
  • Edificio Paraguay, República de Paraguay 42, colonia Centro
  • Hotel W, Campos Elíseos 252, colonia Polanco
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