Crónica sobre “Canicas e ilusiones”, de Francisco Cortés Álvarez

Por: Diego Velázquez Betancourt

Salí con la seguridad de que el estreno de “Canicas e ilusiones”, del compositor Francisco Cortés Álvarez, a cargo del reconocido pianista, Santiago Piñeirúa, sería en Bellas Artes y me confié. Llamé a Nic para avisarle que lo mejor era que nos encontráramos allí, antes de que abrieran las puertas. Hubo espera e información imprecisa: que abrían a las 10, que a las 11, que nadie iba a ir, que desayunáramos, que “alguien” (o sea yo) había leído mal la información. En resumen, que no era en Bellas Artes: hubo apuro, carreras no presupuestadas y últimos lugares en el Museo Nacional de las Artes (Munal).

¡Qué museo! Sé que ustedes ya lo conocen, y si no, tienen que visitarlo. Cuando anden de paseo por la Ciudad de México que, dicho sea de paso, cumplirá quinientos años desde su última mutación, no olviden darse una vuelta por el Munal. Se visita mejor en varios domingos. Reconocí al compositor en la fila y lo saludé, a la par de que intenté expresarle mis mejores parabienes. Como ya he escuchado su trabajo artístico con anterioridad, sé que Francisco, sin lugar a dudas, nos tenía una buena sorpresa. Ahora, es el Munal. Eran treinta y cinco boletos numerados y apenas alcanzamos el 33 y 34. Aprendizaje inesperado del día (cuando creí que no alcanzaría boleto): a los amantes de los museos les encanta llegar temprano y hacer cola porque así pueden ir casi corriendo (se prohibe correr en los museos) a las salas que les interesan y no toparse con mucha gente. Disfrutar de la belleza de una obra de arte (¿qué es una obra de arte?) casi en la soledad, sin el blablabla a veces fastidioso de algunos comentadores mal informados. Creo, por otra parte, que un estadio entero podría haber disfrutado de ese concierto de hora y medio de piano. Pero ya sabemos que la gente usa mal los estadios y se pone a ver futbol.
Una pieza de Beethoven, La tempestad, y una de Chopin, Sonata 3 en si menor Op. 58, arroparon, en la limpia ejecución de Piñeirúa, la presentación de la obra de Cortés. Ambas piezas, impresionantes muestras de los estados de ánimo tan divergentes a los que nos puede llevar el profundo sonido del piano: de lo galopante, de esa sensación que vibra jovial y alegre en el pecho y que alienta a recorrer, como los ángeles que están pintados en el techo del Salón de Recepciones del Munal, el vasto y risueño cielo hasta que las notas llegaban, de súbito, a esas zonas de atardecer, silencio y calma que nos recuerda la tristeza y la melancolía. Por eso no fue raro observar a otros escuchas, como yo, remover los pies sintiendo cada acorde pegarle en el cuerpo. Estoy seguro que más de uno tuvo ganas de casi tumbar todas las sillas y empezar una danza abierta de giros y piruetas para luego dejarse caer a la tensión que abraza la serenidad.

“Canicas e Ilusiones” también goza de esa característica de ascensos súbitos y caídas vertiginosas hacia lo despacio, de ese repaso general a las emociones mientras nos lleva por los choques de cristal del juego infantil. El inicio, apoteósico, tiene el “hágase la luz” de esa mañana en que los niños se han reunido con sus bombachas, balines, y agüitas de colores, y han dispuesto en el suelo el terreno para disputar, al ritmo de gritos y risas, de sacudidas, las variantes del pasatiempo.

Me llega de pronto a la memoria, mientras los hábiles dedos del ejecutante deshojan las teclas, el recuerdo de mi amigo Chava, que con una sola canica, una humilde agua cascada por los golpes, no erró ningún tiró desde su turno hasta haber sacado a todas del círculo. La recompensa, el fruto de su habilidad, las canicas obtenidas, las repartió entre los más pequeños y él regresó a su casa sólo con aquella canica en el bolsillo delantero de su camisa…

La obra también parece gozar de esa suerte y habilidad: da en el blanco una y otra vez, retumba, y en esa tensión que vibra cuando el martillo pega en las notas del piano, se hace presente el crujir del vidrio al deshojarse. Alegría y, a veces, saudade. El brillo de lo redondo remata esta composición musical, en la que Cortés nos muestra un lado lúdico en el que articula los sonidos afines al cristal para llevarnos a transitar por el ir y venir de las canicas que rebotan.
En charla personal nos enteramos que el lanzamiento del disco “México Actual”, de Santiago Piñeirúa, en la que se integra “Canicas e Ilusiones”, y obras de otros compositores, como Armando Luna, Samuel Zyman, Pedro Núñez, se pospuso debido a ya saben ustedes qué: pandemia. Se espera que próximamente el disco salga a la luz. Estén al pendiente. Ah, y si alguien quiere ir a escuchar piano, consulten la cartelera del Munal, pero le recomiendo que haga fila el domingo por ahí de las 10:30 de la mañana. Ser selecto tiene sus desventajas para quienes nos desvelamos.

 

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